24 feb. 2010

Una gota más de amor al océano

Y la magia sucedió de nuevo y la energía empezó a fluir y las letras a deslizarse por mi mente transformándose en palabras que se plasman en el papel como una pintura en su lienzo.

Hoy tengo otra vez la oportunidad de escribir y la idea que me viene a la mente es hacerlo sobre las particularidades que hacen que el amor fluya y que pueda expresar lo que siento.

Hoy voy a contarte acerca de la forma en la que vivo, en la que se desarrolla mi vida, en lo que conseguí con años de esfuerzo, estudio, visualización, vivencia y experiencia.

A veces cuando me encuentro con la gente en la calle y me pregunta en que ando, que estoy haciendo, donde estoy trabajando se me hace difícil responder. Mi vida es carente de rutinas más bien está llena de rituales, y esta simple transformación de rutinas en rituales me hacen muy feliz todos los días. Particularmente puede contarte hoy que me vida cambia todos los días y lo que hacía hasta ayer, hoy puedo si lo deseo dejar de hacerlo y comenzar algo nuevo. Como mi tío Sergio que le place encontrarse conmigo cada 6 meses para saber en que cosa nueva y fantástica (para él) estoy metido.

Hace 7 años estudiando la licenciatura en administración de empresas, hace 5 en Mendoza como gerente de una sociedad anónima licitando para exportar ciruela, y en el transcurso entre los dos trabajando en una radio, como tesorero de un club, como cajero de un restaurante, ayudando a crear una empresa de responsabilidad social empresaria. Después volví a estudiar para terminar lo empezado, me fui a convivir con la persona que era mi novia en ese entonces, llegando a la final nacional de un juego de simulación de empresas (el Desafío Sebrae). También comencé a cantar en el coro de la universidad y viajé a Colombia con el grupo, trabajé en el hospital Madariaga, creé una compañía financiera. Vendí una casa, me dediqué a la compra y venta de bienes, estudié para generar ingreso pasivo y hoy eso me permite tener la libertad para hacer de mis 24 horas lo que deseo y no tener la necesidad de ir a trabajar. Hice Yoga, Reiki, meditaciones, bailé hindú - Bollywood, me dediqué a hacer política universitaria, jugué al ajedrez y al basket profesionalmente, e hice todos los deportes que pude. En fin muchas cosas y diversas y sigo en la misma vía hoy estudiando la verdad con unos amigos de Taiwán, practicando un poco las enseñanzas de Confucio y de los Budas que el mundo nos regaló.

Hoy esa acumulación de pasado, enseñanzas y experiencias me permite como te contaba recién levantarme todos los días y preguntarme: ¿Qué tengo ganas de hacer hoy? ¿Qué quiero hacer ahora? Algunas veces decido yo, y otras es el universo quien me presenta distintas oportunidades que al estar conectado a mi intuición me permiten seguir y perseguir estas oportunidades.

Y volviendo a las preguntas que me hacen las personas con las que me encuentro, creo que la mejor respuesta es depende del día, me levanto todos los días y veo que hago. Es extraño, un par de veces lo intenté pero para la gente que me rodea y me lo pregunta es muchas veces difícil de entender y comprender, porque es un estilo de vida diferente al que llevan y diferente a su realidad y como siempre digo, somos todos distintos, sin mejores ni peores, sin buenos ni malos, sin discriminación, diferentes, como los 7000 millones que somos en este mundo. Y lo digo más claro aún 7.000.000.000 de seres humanos diferentes, donde 2 iguales en todo sentido aún nadie ha encontrado. Por esta razón será que a veces me divierto preguntando ¿Qué es normal? ¿Qué es ser normal? Y en la mayoría de las veces me río porque la respuesta gira en torno a las actitudes o formas de vida que presentan las personas que dicen esas respuestas. Para cada uno de ellos lo que hacen es normal y lo que hacen los otros, no tanto. Mi opinión al respecto es que lo que la sociedad define como normal es inexistente, porque ni siquiera existe un solo patrón en el mundo que se repita en todos los seres humanos. Y cuanto menos normales seamos, más comprenderemos las diferencias con nuestros hermanos con quienes cohabitamos en este mundo.

Gracias por leer una vez más


… bd …

14 feb. 2010

Viviendo desde el corazón

Posadas, 13 de febrero de 2010


Siento que puedo escribir las cosas más lindas en esta tardecita, y me dispongo a hacerlo. Sentado en mi terraza con temas de María Elena Walsh sonando de fondo, las letras fluyen como surfista en la ola de su vida.

Y así es, hoy simplemente las cosas fluyen, y después de una excelente sesión de la verdad con mis amigos Viktor, Romina, Guillermo, Francisca, Shin – i y Vanesa, y también de un encuentro muy rico en amor, paz y nuevos horizontes que concluyó con una hermosa sesión de masajes sobre mi ser me dispongo ahora a escribir con todo el amor que tengo para dar al mundo. Y surgen los interrogantes de siempre, acerca de que escribir hoy.

Vivir desde el Corazón


Es un título hermoso que lleva de la mano muchas actitudes y prácticas cotidianas, que incluyen desde enviar energía a las personas que las necesitan hasta prender la vela del amor y llevarla a la mayor cantidad de gente posible todos los días. Para mí una filosofía y forma de vida, en la que entrego mi ser a lo que el universo tenga pensado para mí en cada día. Y para el universo que me circunda y del que me llega su retroalimentación, un poeta, un vecino inspirado que pone carteles en su puerta, un ángel en el lugar adecuado, jesús, un loco o simplemente un compañero de vida. Muchas son las palabras con las que las personas intentan catalogar, o definir las actitudes de este ser que escribe, escribe y practica las cosas que pone sobre el papel, quizás sea la falta de más gente que escuche a su corazón e intente ver su visión de antes de nacer para saber que es lo que vino a trabajar a este mundo terrenal. Poseo una fuerte creencia al respecto, aunque me cueste definir cual es el trabajo que vine a hacer a la Tierra, agradezco la oportunidad que se me ha dado de poder practicar todos los días el ser un mejor ser.

Vivir desde el corazón incluye la práctica de muchas cuestiones que usualmente conocemos y que nos han llegado a través de las milenarias religiones que existen en este planeta, o a través de algunos de los iluminados que hayamos tenido la suerte de leer. ¿Por qué digo de la práctica? Porque está en la práctica el verdadero aprendizaje. Se pueden saber y conocer muchas cosas y ser un gran conocedor y hablar y hablar y hablar en la calle, con los compañeros de trabajo y amigos y predicar formas de vida y enseñanzas, pero la sabiduría hermanos y amigos míos es hacerlo. Y hacer las cosas no es lo mismo que hablar.

Creo que vos estás de acuerdo conmigo si digo que robar es una desviación de la conducta humana original de amor y paz, que a lo largo de los siglos ha sido castigada de diversas formas por sociedad, y en el fondo todos sabemos que está mal robar y nos horrorizamos cuando vemos asaltos a mano armada, secuestros extorsivos, robos a bancos, cuando asaltan a un anciano sacándole todo el dinero del mes. Y nos sentamos en la mesa de nuestras casas leyendo el diario y mirando la tele y posteriormente criticamos y comentamos con nuestros allegados las barbaridades que se cometen a diario. Hasta acá todo muy lindo. Ahora bien desde el corazón y con amor te pregunto, de las siguientes situaciones que has vivido o presenciado con amigos y familiares, ¿Qué has hecho cuando…?:

• Te enterás que alguien se cuelga de la luz
• Ves televisión en la casa de alguien que tiene una conexión clandestina
• Chateaste o conversaste con alguien que tiene una conexión dividida clandestina en Internet
• Te dieron un vuelto de más en algún negocio
• Cuando viste dinero en el suelo
• Cuando te dieron alguna mercadería y no te la cobraron
• Cuando viste una billetera en el suelo
• Cuando encontraste en la calle un objeto que era de propiedad de otro
• Cuando te falta energía y sentís que gritándole a alguien o intentando controlar a otro se la robás y te sentís mejor
• Cuando te enterás que alguien roba a alguien más


Frente a estas pequeñas situaciones que vemos todos los días y/o presenciamos en carne propia. ¿Qué hacés? Cuando los dedos de tu mano en vez de apuntar a la tele o a un desconocido, se topan con un amigo, familiar o conocido, ¿Tomás la misma postura?

Y cambiando un poco de tema pero haciendo hincapié en las mismas reacciones, he presenciado muchas ocasiones en las que la vida ha mostrado a mis ojos y a los de mis allegados cuestiones desagradables como el hambre que padece gran parte del mundo en el que vivimos, o la corrupción, la guerra y la violencia. ¿Cómo reaccionás? Hoy vivimos particularmente en carne, dolor y llanto el horror que le tocó vivir al pueblo de Haití y quisiéramos ayudar de todas las maneras posibles para que ese pueblo pueda volver a levantarse. ¿Y cuando nos golpea la espalda una personita de cinco añitos pidiéndonos comida? ¿Y cuando vemos a gente durmiendo en las calles de la ciudad? A veces me escandalizo de los anticuerpos que hemos generado para que esas cuestiones que vemos todos los días no nos afecten y cuando es un niño de África a miles de kilómetros el que sufre queremos ayudar. ¿Que raro no?

---bd---

10 feb. 2010

Ojalá que llueva café en el campo

Así, de esa forma, como dice la canción nos entregamos a las ilusiones y deseos; sentimientos que nos fueron inculcados por aquellas personas que nos enseñaron cuando éramos niños, sueños, cosas que queremos que nos sucedan. Como cuando nos preguntaban que queríamos ser cuando fuésemos grandes, sin darnos cuenta – quizás - que siendo niños éramos grandes. Esa desconexión con el presente que nos empezó a llevar hacia el futuro, de la mano de los miedos y fracasos, si no llegábamos a conseguir lo que queríamos.

Y llegó un día que nos hicimos adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos, y empezamos a desear estudiar determinada materia o carrera, o a querer tener a una persona que nos gustaba a nuestro lado, a ser de tal o cual manera en el futuro. Y en este gigante grupo de personas en el que me incluyo, llegamos a desconectarnos con el presente de tal manera que si trazáramos una línea del tiempo de nuestra vida veríamos que casi el 100 % de la misma se divide entre el tiempo que pasó, aquellos que llamamos pasado, y que muchas veces inunda y se hace carne en nuestro presente; y el futuro que incluye todas esas veces que nos preocupamos, que tenemos miedo, que nos estresamos por lo que podría llegar a ocurrir, o que nos ilusionamos y deseamos otra cosa diferente a lo que es hoy en el presente. Y cuando nos damos cuenta donde estamos o quiénes somos, el presente es lo único que tenemos, porque tanto el pasado como el futuro son construcciones mentales. En el pasado, acerca de lo que nuestra mente cree que ocurrió o que vivió y que recuerda a través de pequeños pedazos de información que fueron grabados gracias a los sentidos que poseemos, y el futuro acerca de todo lo que queremos conseguir, poseer, tener, ser, hacer o dejar de hacer.

Por esa importancia que le asigno al presente es que me voy a encargar de él. Porque es éste preciso momento lo único que realmente tenemos y con lo que podemos hacer algo. Si nos ponemos a buscar definiciones del presente vamos a encontrar muy poco referido al tema, a la filosofía de vivir el presente, ese momento de tiempo minúsculo que pasó a ser parte del pasado en lo que tardo en escribir un renglón.

En estos últimos años, muchos son los autores de libros – gracias a dios - que se encargan de fomentar esta filosofía de vida, que consiste simplemente en dejar de preocuparnos por lo que podría llegar a suceder y también simplemente hacer lo que tenemos ganas de hacer en este preciso momento, como por ejemplo me place escribir y escribir sobre este tema, y nada de lo que me rodea merece más atención que la pantalla y el teclado. Presente, estar acá, ahora, sin inquietarnos por lo que pasó ni por lo que puede llegar a surgir. Vivirlo realmente, salir a la calle y hacer lo que tenga ganas de hacer, sin prejuicios, sin tabúes.

En el mundo de las organizaciones en el que vivimos, sea el lugar en el que trabajamos, nuestra empresa, el hogar que compartimos o el club del barrio, acostumbramos a planificar, o sea situarnos con la mente en algún lugar del futuro donde nos gustaría llegar a estar, o llegar a ser y fijarnos los pasos que creemos deberíamos caminar para llegar a ese lugar paradisíaco que nuestra mente creó para encontrarle un sentido a lo que hacemos. ¿Por qué meto al sentido de la vida en esto? No lo sé, quizás me guste complicarla un poco más. El sentido de la vida entendido como una vida con sentido implica situarnos en el presente, mirarnos de pies a cabeza, observarnos por dentro, en los recovecos que nadie ve y hacer un propio análisis sobre lo que estamos estudiando, y posteriormente a eso pensar a donde nos gustaría estar. Y luego lo que ocurre generalmente es que bajamos esa imagen mental a un pedazo de papel para que otros puedan entender hacia donde vamos, y llevarlos hacia ese sueño.

Ahora bien, para dejar las cosas en claro, en más del 95 % de los casos esa imagen mental nunca llega a concretarse de la forma en que fue concebida en la mente brillante que nos hizo caminar, y a veces correr detrás de esa zanahoria naranja y hermosa que pusieron delante nuestro. Desde el punto de vista de los dueños o líderes de las organizaciones (quienes fabrican esta dulce zanahoria) tener a personas siguiendo la ilusión es altamente útil, sea por los beneficios económicos que esto conlleva o por el sólo beneficio de poder.

Y esta situación me lleva a pensar que si estas imágenes mentales casi nunca llegan a concretarse de la misma forma en la que fueron concebidas, ¿Por qué seguimos planificando? Excelente pregunta. Y para no dejarlos sólo con la duda, planteo una alternativa: la filosofía del surfista. Piensen en un momento en el ser humano que surfea, en el momento en que lo está haciendo no hay tiempo para pensar en el pasado ni en el futuro, debe concentrarse en la ola sobre la que se está divirtiendo. Llevado esto a nuestras vidas diarias sería algo así como lo es la filosofía del dejarse llevar por la vida, intentando suprimir a los pensamientos, ilusiones y demás trampas del futuro y del pasado que nos pone el cerebro y estar atentos a las intuiciones, a lo que va sucediendo de forma natural y a todas esas cosas que nos van llevando hacia no sabemos donde, pero que una vez que empezamos a practicar ésta forma de vida todos los días, todos los días y todos los días nos damos cuenta de que siempre nos lleva a buen puerto.

Y para los que les gusta mirar películas y aprender con ellas, los invito a mirar “El guerrero”, “The Warrior”, que la encuentran en Youtube, Taringa, Torrentz y demás webs que ponen al alcance de la mano este excelente film.

Hasta la próxima entrega de Camino al 2012

… bd …

6 feb. 2010

Camino al 2012

Y así, de la forma más simple posible, con la mente en blanco, una noche espléndida de verano, de esas noches frescas, con una ventisca hermosa, cielo semi despejado y estrellas mirándome desde el cielo, quizás preguntándose ¿Qué hace este loco en la terraza cuando son casi las once de la noche escribiendo en su computadora?

La verdad hoy me siento como esos escritores que vemos en las películas, con las manos como pluma, las teclas como tinta y la pantalla como papiro, que está ahí, presente, y esperando que mi mano se deslice sobre él para que le cuente las verdades más crudas y pasibles de interpretar para el que escribe y para el que lee.

Hoy que me he dispuesto a escribir parece un día más, como cualquier otro, pero tiene la particularidad, que 2 de mis vecinos hablan en voz alta, como discutiendo, pero al detenerme pecaminosamente a escuchar, me doy cuenta de que hablan, eso me lleva a preguntarme, ¿Qué ha ocurrido? ¿Qué ocurre? ¿Por qué la gente se habla en volumen tan alto? A veces pienso que no se escuchan, pero cuando me detengo a escuchar, me doy cuenta que se oyen, pero no se escuchan, y el levantamiento del volumen de la voz es simplemente una razón, creo yo, por las que esas personas piden a gritos ser escuchadas, y lo hacen tan firmemente, tan fuertemente, tan incisivamente, que me lleva a pensar que su único fin es robarles energía a las personas con las que hablan. Haciéndoles creer a toda costa, elevando la voz al volumen que sea necesario para obligar al otro a creer que ellas tienen razón, para que de esa manera puedan obtener su energía. Las personas recepcionistas de ese discurso proveniente de una persona con personalidad de intimidador[1] tienen distintas formas de responder a ello, si se sienten muy apabullados y atacados pueden llegar a las lágrimas, transformándose en el pobre de mí[2], como suele ocurrir en mi vecindario, o bien tomando la personalidad distante[3], sin emitir comentario alguno y refugiándose en su silencio, o puede haber desarrollado en el pasado a un intimidador[4] respondiendo a los gritos con más gritos y transformándose en un pelea de las que vemos de seguido en la televisión, películas, en los padres, amigos, en la calle o en todos los lugares donde prestemos atención.

Que nos ocurre, ¿Por qué la intolerancia? De donde proviene esa falta de entendimiento, cuando fue el día que empezamos a dejar de escucharnos los unos a los otros, ¿Cuando dejó de importarnos lo que piensan los demás? ¿Cuándo fue el día en que dejamos de conversar con las personas que nos encontramos en la calle y empezamos a levantar la mano en señal de saludo impersonal?

Quizás hoy sea tiempo de sentarnos y hablar con nuestros vecinos, amigos, empleados, padres, hijos, jefes y con todas esas personas con las que nos cruzamos una y otra vez en el día, en la calle, en el subte, en el colectivo, en el tren, en el avión. Personas que la vida nos pone enfrente para escuchar el mensaje que tienen para nosotros y para que nosotros les demos el nuestro. Paremos un segundo, un minuto; y dicho sea al pasar si por esas causalidades estás pensando en que no tenés tiempo, en que es una pérdida de tiempo, les cuento un secreto: el tiempo es imposible de poseer, imposible de guardar, de atesorar, y las oportunidades son un regalo divino que el universo hace para nosotros.

Nos vemos en la próxima entrega de “Camino al 2012”



[1] Redfield, James. La novena revelación. (The Celestine Prophecy). Editorial Atlántida. Capítulo 6

[2] Ídem anterior

[3] Ídem anterior

[4] Ídem anterior